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Mostrando las entradas con la etiqueta aceptación

Una Hermosa Oración

Le pedí a Dios que me quitara mis malos hábitos Dios dijo, “NO” Esto no es responsabilidad mía, sino tuya;  para que tu mismo lo hagas. Le pedí a Dios que sanara mi hijo que está paralítico. Dios dijo, “NO” Su espíritu está sano, su cuerpo es solo temporal. Le pedí a Dios que me concediera paciencia. Dios dijo, “NO” La paciencia es un producto de la tribulación. No se concede, sino que se aprende. Yo le dije a Dios que me diera felicidad. Dios dijo, “NO” Yo te doy bendiciones, la felicidad depende de ti. Yo le pedí a Dios que me quitara el dolor. Dios dijo, “NO” El sufrimiento te aleja de los placeres mundanos y te trae más cerca de mi. Le pedí a Dios un crecimiento espiritual. Dios dijo, “NO” Tu debes buscar tu propio crecimiento espiritual, Pero yo te podaré, para que seas fructífero. Le pedí a Dios por muchas cosas para gozar la vida. Dios dijo, “NO” Yo te daré vida, para que tu disfrutes de todas las cosas. Yo...

El Barbero y Dios

Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba, como es costumbre. En este caso entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas, de pronto tocaron el tema de Dios, y el barbero dijo: Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice... Pero, ¿por qué dice usted eso? - preguntó el cliente. Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, acaso si Dios existiera, ¿habrían tantos enfermos y niños abandonados?... si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad, yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas. El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo, al parecer hacía mucho tiem...

Para aceptar una enfermedad

Ayúdame, Señor, a obtener el fruto espiritual que Tú pretendes con esta enfermedad que me has enviado. Haz que comprenda que las enfermedades del cuerpo me ayudan a conseguir un conocimiento más perfecto del mismo, a desprenderme de todo lo creado y me invitan mediante la espontánea reflexión que trae consigo, sobre la brevedad de la vida, a trabajar con más empeño y seriedad en preparar mi alma para la vida futura donde no existe ni enfermedad ni pena, sino el eterno gozo de tu compañía. Amén.