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Mostrando las entradas con la etiqueta confianza

El Barbero y Dios

Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba, como es costumbre. En este caso entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas, de pronto tocaron el tema de Dios, y el barbero dijo: Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice... Pero, ¿por qué dice usted eso? - preguntó el cliente. Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, acaso si Dios existiera, ¿habrían tantos enfermos y niños abandonados?... si Dios existiera no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad, yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas. El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería cuando vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo, al parecer hacía mucho tiem...

EL SILENCIO

Cuenta una antigua Leyenda Noruega, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua y muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo: "Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en La Cruz."  Y se quedó fijo con la mirada puesta en la efigie, como esperando la respuesta. El Señor abrió sus labios y habló.  Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras: "Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición." "Cuál, Señor?" - preguntó con acento suplicante Haakon. "Es una condición difícil." "Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, Señor!" - respondió él viejo ermitaño. "Escucha: suceda lo que suceda y veas l...

Señor, concédeme imitarte.

Jesús, creo que estás aquí conmigo, que me escuchas y me hablas al corazón. Creo que todo lo que soy es regalo tuyo y que me amas más que nadie en este mundo. Enséñame a tomarme de tu mano y a vivir más confiado en ti, porque contigo no existe mal alguno. Ayúdame a abrirte mi corazón en esta oración, para aceptar con gozo tu voluntad y amarte en el cumplimiento fiel de tu querer.  Señor, concédeme imitarte en la caridad y la compasión, para que pueda amar a los demás antes de que ellos me amen a mí primero. Dame la luz de tu Espíritu para que no caiga yo en hipocresía. Si tu me amas, ¿por qué no he de amar yo a mi prójimo? Tú sabes, Jesús, lo que tengo en mi corazón. Te pido que me ayudes a acudir con un corazón abierto a ti. Soy también yo una de tus ovejas, ten compasión de mí. Dispón mi corazón para escuchar tu voz. Gracias a mi amigo Mario, por brindarme la inspiración para esta oración.

Tu eres mi fuerza

Señor, Gracias por la paz que nos das.  Una paz que va más allá de la aflicción que muchas veces encontramos en el mundo.  Mi confianza crece cada vez que recuerdo que tu venciste a ese mismo mundo que nos aflige y en esta confianza quiero permanecer y vivir cada día, porque la confianza que viene de ti, es tan fuerte y grande que nos llena de fortaleza y nos satisface completamente. Gracias Señor, por ser mi fuerza y mi centro, todos los días de mi vida. Amén.