30 de enero de 2011

Plegaria de un Padre

Dame, Señor, un hijo…

image Que tenga la fortaleza de reconocer cuando ha flaqueado; el valor de enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo.

Un hijo que lleve alta la frente en la honrada adversidad de la derrota, y que sea modesto y gentil en la victoria.

Un hijo que nunca doble la espalda cuando debe erguir el pecho; que no se contente con solo desear en vez de realizar.

Un hijo que te conozca a Ti y se conozca a si mismo… y sepa que en conocerse el hombre a si mismo, se encuentra el fundamento de todo saber.

No lo guíes, Señor, por el camino cómodo y fácil, sino por el sendero áspero, espinoso y difícil donde las dificultades son acicate y reto para vencerlas.  Allí… déjalo que aprenda a hacer frente a las tempestades, a sostenerse firme y seguro en medio de ellas.

Dame, Señor, un hijo capaz de compadecerse de los que flaquean y fracasan.  De sano corazón y altos ideales; capaz de dominarse él mismo antes de pretender dominar a los demás.

Un hijo que aprenda a reír… pero que también sepa llorar.  Un hijo que avance hacia el futuro sin desentenderse jamás de lo pasado. 

Y después de haberle concedido todo eso, imploro de ti, Dios mío, le concedas… suficiente sentido de buen humor para proceder con seriedad sin tomarse a si mismo demasiado en serio.  Humildad y sencillez, compañeros de la verdadera grandeza.  Una mente abierta e imparcial, propia de los verdaderos sabios.  Y la mansedumbre de los verdaderamente fuertes. 

Porque entonces, Señor, yo, el padre de tal hijo, me atreveré a susurrar en lo mas profundo de mi corazón… «No he vivido en vano.»

General Douglas MacArthur